Poco a poco los plazos perentorios irán cayendo, lo que significa que las definiciones las veremos en estos días. En un mes y fracción vence el plazo para la inscripción de las alianzas políticas, así que se terminarán todas las especulaciones respecto a quién se junta con quién. Venimos oyendo de posibles uniones, algunas de lo más delirantes, aunque sabemos que en el cálculo político todo es posible, sobre todo si se trata del partido aprista, quienes se aliaron con Prado en el 56 –llegando a ser gobierno en la “convivencia”-, Odría en el 62 –que no llegó por tercera vez al gobierno por el golpe de estado- y Fujimori en los 90s –de lo cual recordamos bien el desenlace- . En esa línea nada debe llamarnos la atención, aunque está claro que la mayoría de rumores no son otra cosa que especulaciones periodísticas. La fecha límite para presentar las planchas presidenciales es el 10 de Enero, así que también sabremos pronto quiénes serían los candidatos de esas posibles alianzas, donde parecería imposible que más de uno subordinara su ambición política a favor de algún aliado y de los intereses del país. Aunque podrían haber sorpresas.
Algunos candidatos, con buen tiempo en campaña e intereses muy notorios, irían de todas maneras. Son los casos de Keiko Fujimori, Luis Castañeda y Ollanta Humala. Me resulta impensable creer que alguno de ellos declinaría sus aspiraciones a llegar al sillón de Pizarro. Toledo puede querer llegar nuevamente pero es más difícil para un ex presidente ser derrotado en una elección que para un perdedor de siempre o una nueva figura. No ganar le significaría también perder influencia local, prestigio internacional e incluso posibilidades futuras. Por lo tanto, querrá estar bien seguro de sus reales opciones antes de candidatear.
El panorama luce algo distinto al de elecciones anteriores. Esta vez tenemos varios candidatos que representan posiciones doctrinarias –si así podríamos llamarlas en estos tiempos- cercanas, aunque proyectos políticos claramente diferentes –lo cual a la población parecería importarle poco-. Incluso la izquierda moderna aún sin una clara representación, aunque indudablemente con incuestionables probabilidades luego de la victoria de Fuerza Social, estaría mucho más cerca de un modelo pro sistema que de las propuestas tradicionales de la izquierda. Se menciona a Nano Guerra García, colaborador de Susana Villarán en sus temas de pequeña y mediana empresa, quien ya apareció en algunas publicaciones y programas de televisión confirmando su interés por ser candidato. También a Vladimiro Huaroc, ex presidente de la región Junín quien renunciara al cargo justamente para estar expedito para una posible candidatura. No olvidemos que Huaroc es el actual presidente de Fuerza Social y quien hizo posible que el movimiento de Susana pudiera candidatear a la alcaldía. Tampoco se ha descartado la alianza de FS con otros movimientos como Perú Posible, habiéndose sí hecho el deslinde con movimientos extremistas o fuerzas políticas democráticas más radicales como el Partido Nacionalista.
En este ya inusual contexto electoral, aparece ahora la candidatura de Mercedes Araoz como punta de lanza del Partido Aprista –aunque todavía no estamos tan seguros si del partido o de su presidente-. Es de difícil lectura en este ajedrez político qué hay detrás de esta nominación. Se especula que el partido aprista, con su evidente pobreza de cuadros propios, estaría sacrificando a Meche con la intención de tentar alianzas que ayuden a blindar a Alan García para los próximos cinco años. Está claro que los coqueteos de Alan con Castañeda y con los propios fujimoristas apuntan a los habituales acuerdos políticos que impliquen concesiones mutuas a la hora de poner sobre el tapete los temas de corrupción. En esto tanto el poder ejecutivo como en especial el Congreso han demostrado su gran capacidad para esconder la basura debajo de la alfombra y evitar que estos ejemplares de la corrupción –que ya todos sabemos quiénes son- sigan impunes detentando cargos públicos y en la representación nacional.
Si no lograra acuerdos con otra fuerza política, la guapa candidata estaría dividiendo el voto de centro y centro derecha. Esto, sin las alianzas necesarias de por medio, lo único que haría sería debilitar las candidaturas de Castañeda, Toledo, alguna eventual del PPC –se hablaba de Daniel Córdova- e incluso la izquierda de Villarán. No tanto así las de Keiko y Humala, quienes se mueven por consideraciones distintas a las que representan los candidatos mencionados. Los fujimoristas, sin un proyecto claro de gobierno, más enfocados en limpiar al dictador japonés, basados en la simpatía y arraigo del clan Fujimori sobre todo en el interior del país donde dejó obra en los 90s. Humala con posiciones extremistas anti sistema que recogen la insatisfacción de un todavía gran sector de la población que tiene poco que perder y que opta por lo general a oponerse a todo lo que signifique el statu quo. A estas alturas ya resulta poco probable pensar que Alex Kouri tentaría una opción, después de su desafortunada candidatura fallida en las municipales. También creemos que PPK, Yehude o los sobrevivientes de Acción Popular terminarán formando parte de un grupo mayor que les garantice chamba en el congreso o el poder ejecutivo por cinco años más.
Si bien Araoz, Córdova o Guerra García podría decirse que son candidatos nóveles y que aportarían algo de variedad a la oferta, en todos los casos habría fuerzas políticas consolidadas detrás de sus candidaturas. No tendríamos pues el fenómeno del outsider puro del que se ha venido hablando, tal como hace veinte años un partidito liderado por un ingeniero agrónomo sorprendió al mundo entero derrotando a los grandes conglomerados de la derecha e izquierda tradicional así como a un alicaído partido aprista que increíblemente terminó decidiendo la suerte del Perú con su apoyo al japonés, a pesar de estar dejando un país pobre, endeudado y convulsionado por el terror.
Ante este panorama político, se hace aún difícil el análisis. Mucho dependerá de las posibles alianzas que se constituyan en estos días. No necesitamos encuestas para saber que nuestro pueblo premia las obras más que la honestidad, prefiere el autoritarismo al diálogo, se atemoriza fácilmente por una campaña mediática (recordemos que Lourdes acortó casi quince puntos en la semana anterior a las elecciones municipales por el feroz ataque de los medios), presta más atención al jingle y el bailecito que a un coherente plan de gobierno y también que a veces sucumbe a la retórica y al verbo florido. No nos olvidemos tampoco del gran poder de las mujeres que, más allá de su condición de género, están sobre una ola que se está imponiendo en gran parte del mundo, incluyendo nuestro país.
Es cierto que el electorado está cambiando en su configuración. Gente más joven sin los traumas de la insania terrorista y la hiperinflación. Sectores de la población con más acceso a la modernidad y al mercado. Los problemas álgidos del país han ido variando, por lo menos en su percepción. Hoy la violencia o la corrupción pueden estar en un lugar más preeminente en la agenda de los futuros gobernantes que la propia política económica, la pacificación o la descentralización. Lo que sí está claro es que cada vez es más difícil engañar a la población –aunque todavía nos “dejamos” engañar-. El boom de las comunicaciones, el internet y las redes sociales permiten una mayor transparencia y mucho mayor acceso a la información. Lamentablemente la tecnología orientada a fines non sanctos obliga también a tener más cuidado. Todo esto hace potencialmente a los candidatos más vulnerables. Siendo esto así, nos garantiza una campaña exigente, dura, que requiere más argumentos, mayor soporte. Claro que también asegura algo de circo, destapes, golpes bajos, y seguro que sorpresas hasta el final.
Habrá que esperar un par de meses a lo sumo para tener el juego completo sobre la mesa. Esto vendrá acompañado de encuestas y pronósticos que variarán casi semanalmente en uno u otro sentido. Pero como en la última elección nada estará dicho hasta el mes de Abril. Pues está claro que la opera no se acabará hasta que cante la gorda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario