Después de reflexionar algunos días, he llegado a la conclusión que, mi querido PPK, eres el gran responsable de lo que hoy está sucediendo en el país. Y lo pienso porque eras el único candidato que tenía la lucidez suficiente para haber previsto este escenario complicado en un contexto en que era impensable que las llamadas "fuerzas democráticas" pudieran lograr meterse en segunda vuelta fragmentadas como estaban.
No podíamos haberlo esperado de los otros candidatos. Toledo sigue demostrando en cada acción ser un cretino de aquellos, aunque su cara de Inca y un aceptable gobierno anterior le aseguraban un caudal interesante de votos, suficientes como para que, pese a haber perdido casi la mitad en un mes, se creyera que seguía todavía en carrera. Castañeda un tipo oscuro, nada confiable, que no abandonaría la campaña pues era su carta de no quedar a la merced de juicios y comisiones investigadoras que es lo que su futuro inmediato le ofrecía si no ganaba, sumado a que las encuestas lo presentaban como ganador en todos los mano a mano de la segunda vuelta. Mientras tanto, tú PPK eras el único capaz de preveer que no sólo sería difícil llegar sino que una eventual segunda vuelta con OH representaría una tarea titánica.
Pienso que pudiste inmolarte -aunque inicialmente no te hubiésemos entendido- y buscar acuerdos con alguno de los dos impresentables mencionados pero que garantizarían la continuidad del modelo económico en un sistema tan imperfecto como la democracia pero mejor que cualquier otro que se haya inventado -y que ahora corre peligro-. Tu ambición personal y quizás el mareo, producto del apoyo de la gentita linda de Lima y balnearios, más algunos pocos bolsones bien ganados como Arequipa, te hicieron insistir hasta el final a pesar de que sabías en tu fuero interno que no tenías opción si continuaban desunidos. Después de recorrer el país, se me hace difícil creer que no te la olías. Teniendo además los recursos y los contactos como para tener información privilegiada de las encuestas que corrían día a día y que pronosticaban con claridad el desastre.
Es una pena pues. Yo te apoyé activamente en la recta final cuando fue evidente que el cholo venía en picada y que ya no habría marcha atrás. Me quedaba la esperanza de que llegando a segunda, la campaña anti Humala podría favorecerte. Veo con decepción que tumbarse a Humala está bastante difícil y que tener al frente a una candidata con tanto anticuerpo como Keiko Fujimori le da la mayor de las posibilidades. Creo, como un amigo me lo decía hace unos días, que te jugaste el país a los dados. Y parece que va a ser la peor partida de tu vida.
Lo peor de todo es que yo te hacía barra desde la tribuna...
Ernesto Melgar
16 de Abril
La lectura hace al hombre completo. La conversación lo hace ágil. La escritura lo hace preciso. (Francis Bacon)
domingo, 17 de abril de 2011
Elecciones: se voltea la tortilla
Tal como están las cosas, en unos días se habrá volteado la tortilla. No es de extrañar que tan mala campaña de Toledo, triunfalista y mentiroso, lo haya ido precipitando al abismo de su propia soberbia. Keiko, con un voto duro, difícilmente se moverá de donde está, aunque ese donde está podría ser algo más alto gracias al voto oculto fujimorista que añora la dictadura mal llamada eufemísticamente mano dura. Castañeda se puso nervioso con los ataques por corrupción -rabo de paja le dicen- y empezó a hacer tonterías, cuando tan bien le había ido con su risa congelada y lenguaje solo gestual. Humala que parece ahora un artista, bien asesorado y con otro mensaje, controlado y haciéndonos creer que dejó de ser ese cachaco necio y prepotente de la campaña anterior. PPK finalmente, con una gran llegada entre los jóvenes y omnipresente en las redes sociales (hoy en día un medio referente de la prensa, de los líderes de opinión y del boca a boca), ha ido venciendo la barrera de la incredulidad para aparecer por los palos, en atropellada final que a este paso no parará hasta la segunda vuelta. No tengo mayor duda en que en pocos días tendremos a Humala y a PPK liderando las encuestas, gracias a los votos recogidos de aquellos indecisos que empiezan a tomar posición, así como a los de los descreídos que inicialmente se resistían a "perder su voto".
Toledo empezó a perder cuando la mitad de sus electores, que lo veían como el mal menor, decidió confiar en sus candidatos naturales al verles mayor opción. Sin duda que sus votos han ido a parar a PPK y a Humala fundamentalmente, colocándolos donde deben estar en función de sus simpatías. Así, el cholo sagrado debe resignarse a su verdadero caudal electoral, el caudal de los de la memoria frágil que no recuerdan los últimos meses insoportables de su gobierno, la negación de su hija Zaraí que dan muestra de su catadura moral, sus juergas en el avión parrandero y Punta Sal, sus presentaciones alcoholizadas en la televisión, sus delirantes mentiras como la del secuestro y el Melody, su Lady Bardales, su impuntualidad a todo acto público y privado, sus impresentables parientes que fagocitaron del estado así como otros parásitos de su entorno...
Keiko, más allá del activo aunque mayor pasivo de ser hija del reo Fujimori, víctima de sus propias limitaciones que nos hacen pensar más en una gordita paporretera que una estadista capaz de manejar nuestros destinos, más aún con el bestiario que la rodea, improvisados y oportunistas que quieren mamar de la mamadera de la que tomaron los mafiosos del fujimontesinismo durante más de una década.
De Castañeda podemos decir que su aspecto de personaje poco transparente no le sirve para contrarrestar las múltiples acusaciones de corrupción que ya están pasándole factura. Su mayor ventaja es ser el menos resistido, lo cual lo coloca como ganador en cualquier enfrentamiento directo en segunda vuelta pero, al igual que un equipo chico que enfrenta a uno grande con la hinchada de todos los demás, no tiene una gran posibilidad en esta competencia inicial donde todos van a elegir a su mejor candidato.
Humala, sin duda, representa la esperanza de aquel ciudadano que aún no ha sentido al progreso del país tocando su puerta. Es la opción del que no tiene nada que perder, del que es presa fácil del discurso de la justicia social, distribución de la riqueza, nacionalismo a ultranza, y toda promesa de cambio al establishment. También es el candidato de la izquierda anacrónica que sigue atada a ideologías trasnochadas y que difícilmente se moverá de sus trece.
PPK es la ilusión del gran despegue; de la consolidación de un país que ha empezado a crecer y a convertise en el lugar donde sus electores quieren ver crecer a sus hijos, con bienestar y seguridad. Es el voto del joven y del más pensante que claramente identifica al candidato mejor preparado.
Faltan tres semanas para las elecciones pero difícilmente sabremos, con tranquilidad, qué nos deparan los próximos cinco años de gobierno. Posiblemente a partir del 10 de Abril a las 4 pm. y por algunas semanas más, estaremos en una situación límite entre el abismo y el éxtasis.
Ernesto Melgar
26 Marzo 2011
Toledo empezó a perder cuando la mitad de sus electores, que lo veían como el mal menor, decidió confiar en sus candidatos naturales al verles mayor opción. Sin duda que sus votos han ido a parar a PPK y a Humala fundamentalmente, colocándolos donde deben estar en función de sus simpatías. Así, el cholo sagrado debe resignarse a su verdadero caudal electoral, el caudal de los de la memoria frágil que no recuerdan los últimos meses insoportables de su gobierno, la negación de su hija Zaraí que dan muestra de su catadura moral, sus juergas en el avión parrandero y Punta Sal, sus presentaciones alcoholizadas en la televisión, sus delirantes mentiras como la del secuestro y el Melody, su Lady Bardales, su impuntualidad a todo acto público y privado, sus impresentables parientes que fagocitaron del estado así como otros parásitos de su entorno...
Keiko, más allá del activo aunque mayor pasivo de ser hija del reo Fujimori, víctima de sus propias limitaciones que nos hacen pensar más en una gordita paporretera que una estadista capaz de manejar nuestros destinos, más aún con el bestiario que la rodea, improvisados y oportunistas que quieren mamar de la mamadera de la que tomaron los mafiosos del fujimontesinismo durante más de una década.
De Castañeda podemos decir que su aspecto de personaje poco transparente no le sirve para contrarrestar las múltiples acusaciones de corrupción que ya están pasándole factura. Su mayor ventaja es ser el menos resistido, lo cual lo coloca como ganador en cualquier enfrentamiento directo en segunda vuelta pero, al igual que un equipo chico que enfrenta a uno grande con la hinchada de todos los demás, no tiene una gran posibilidad en esta competencia inicial donde todos van a elegir a su mejor candidato.
Humala, sin duda, representa la esperanza de aquel ciudadano que aún no ha sentido al progreso del país tocando su puerta. Es la opción del que no tiene nada que perder, del que es presa fácil del discurso de la justicia social, distribución de la riqueza, nacionalismo a ultranza, y toda promesa de cambio al establishment. También es el candidato de la izquierda anacrónica que sigue atada a ideologías trasnochadas y que difícilmente se moverá de sus trece.
PPK es la ilusión del gran despegue; de la consolidación de un país que ha empezado a crecer y a convertise en el lugar donde sus electores quieren ver crecer a sus hijos, con bienestar y seguridad. Es el voto del joven y del más pensante que claramente identifica al candidato mejor preparado.
Faltan tres semanas para las elecciones pero difícilmente sabremos, con tranquilidad, qué nos deparan los próximos cinco años de gobierno. Posiblemente a partir del 10 de Abril a las 4 pm. y por algunas semanas más, estaremos en una situación límite entre el abismo y el éxtasis.
Ernesto Melgar
26 Marzo 2011
lunes, 8 de noviembre de 2010
La sensación de clasificar a un Mundial
1981. No recuerdo la fecha exacta, aunque si busco en internet la tendría. Lo que pasa es que no es eso lo que importa. Lo que importa es esa sensación que ahora recuerdo como si fuera ayer. La de la alegría que significaba volver a ir a un mundial. Y estar presente en ese Estadio Nacional que aquella tarde reventaba de hinchas. En esa Tribuna que celebraba entusiasmada presagiando una victoria definitiva de su selección. Que estaba a punto de conseguirlo pese a que al principio se vislumbraba tan difícil.
Entonces se jugaba por grupos. El cuco era Uruguay. Campeón del Mundialito un año antes, torneo donde jugaron todos los países que habían sido campeones mundiales hasta ese momento (menos Inglaterra que fuera reemplazado por Holanda). Yo pensaba que estaban locos los que creían que Perú iba a clasificar. Aunque tres años antes había estado en otro mundial con la mejor volante del torneo y una delantera de clase mundial. Pero se veía tan difícil. Empezamos con la Colombia y el anti fútbol de Bilardo: 1 a 1 y 2 a 0 habían sido los primeros resultados. Y luego se le ganó a Uruguay en el Centenario de Montevideo 2 a 1. Partido con sabor a hazaña. Ya estaba al alcance de la mano. Pero igual tenía miedo. Miedo a la seguridad de Rodríguez en el arco. Miedo a la pierna fuerte de De León. Miedo a la zurda de Rubén Paz. Miedo al oportunismo de Victorino. Ese Uruguay me daba miedo. Y no me daba cuenta que de nuestro lado estaban Chumpitaz, Panadero, Uribe, Cueto, Barbadillo, el ciego Oblitas. Un firmamento de estrellas como el que nunca antes habíamos tenido ni volveríamos a tener. Pasaron casi treinta años y no recuerdo selección peruana tan maravillosa como aquella de Elba de Padua Lima conocido como Tim.
Perú dio un baile esa tarde y no ganó porque a veces el fútbol es así. El buen arquero y la buena fortuna uruguaya los hicieron irse con el cero pero dejarnos dentro del mundial. Chumpi se retiró esa tarde y salió en hombros entre lágrimas. Sabía que ya no llegaría a España pero que había llevado a su equipo nuevamente a la gloria. Tercer mundial en doce años. Era una época donde llegar era mucho más fácil. Desde el 69 en que nos deshicimos de los gauchos de Perfumo y Rendo casi todo había sido triunfos. Salvo el 73 que quedamos fuera del mundial en una desafortunada definición con Chile que nos ganó 2 a 1 en el partido definitorio jugado en cancha neutral. Pero inmediatamente después logramos la Copa América del 75 con un equipo renovado. Ese recordado torneo con pase a la final por sorteo dejando fuera a Brasil. Había costumbre de ganar. En esos doce años vimos que se le podía ganar a Brasil y Uruguay en su cancha, así como eliminar a Argentina de un mundial. Sometimos totalmente a Colombia y Ecuador. Chile era la piedra en el zapato, pero les ganamos no pocas veces y los dejamos fuera en el 78. Los demás no contaban. Por lo tanto, a pesar de la natural desconfianza por el poderoso Uruguay, no tendría que sorprendernos tanto el imponernos nuevamente sobre este rival de turno.
A nivel de la máxima competencia, y a pesar de no haber tenido mayor notoriedad, llegamos a ser 7mos y 8vos en el mundo, lo cual no está nada mal considerando el alto nivel competitivo de un torneo mundial. Tuvimos memorables actuaciones como aquellas ante Bulgaria, Holanda y Escocia, equipos respetables en ese entonces en Europa; también goleadas ante Irán y Marruecos, cuando los africanos aún no ofrecían una propuesta convincente. Es cierto que no pudimos con las dos grandes potencias sudamericanas pero hicimos decorosos papeles, aún derrotas, que se recuerdan como grandes performances como el 4 a 2 ante el equipazo de Pelé campeón en el 70. Lo de Argentina sólo fue un mal sueño, donde el resultado tenístico tuvo más que ver con la política que con el deporte. Recuerdo mucho esa gira previa al mundial del 82 en que nos paseamos por Europa sometiendo a combinados italianos del Milan, Inter y Fiorentina; le pegamos un baile a la Francia de Platini en el Parque de los Príncipes; doblegamos a Hungría en Budapest y empatamos en su casa con esa Argelia que se hizo cargo de la propia Alemania meses después en el mundial.
Y después de cada victoria, al igual que esa memorable tarde del 81, saldríamos como muchas otras veces a inundar nuestras calles de la alegría y el orgullo de ser peruanos. Esas caravanas que entonces eran muy comunes. Banderas y bocinas que nos hacían recordar siempre la buena costumbre de ganar. La fiesta que se hacía interminable. Aunque nada comparable con la sensación de aquella tarde –y luego noche- en que clasificamos nuevamente a otro mundial. Ese día inolvidable en que recuerdo habernos tomado hasta el agua de los floreros para celebrar ese ansiado sueño hecho nuevamente realidad.
Esa sensación que espero volver a sentir algún día. Treinta años más viejo, pero lo suficientemente joven como para disfrutarla tanto como esa tarde de 1981. Sensación que espero que los más jóvenes puedan sentir también antes de que pierdan la fe y se cansen de alentar a su equipo. La sensación indescriptible de ver a tu selección en la élite del deporte más hermoso y apasionante: El fútbol.
Arriba Perú. Suerte para el 2014.
Entonces se jugaba por grupos. El cuco era Uruguay. Campeón del Mundialito un año antes, torneo donde jugaron todos los países que habían sido campeones mundiales hasta ese momento (menos Inglaterra que fuera reemplazado por Holanda). Yo pensaba que estaban locos los que creían que Perú iba a clasificar. Aunque tres años antes había estado en otro mundial con la mejor volante del torneo y una delantera de clase mundial. Pero se veía tan difícil. Empezamos con la Colombia y el anti fútbol de Bilardo: 1 a 1 y 2 a 0 habían sido los primeros resultados. Y luego se le ganó a Uruguay en el Centenario de Montevideo 2 a 1. Partido con sabor a hazaña. Ya estaba al alcance de la mano. Pero igual tenía miedo. Miedo a la seguridad de Rodríguez en el arco. Miedo a la pierna fuerte de De León. Miedo a la zurda de Rubén Paz. Miedo al oportunismo de Victorino. Ese Uruguay me daba miedo. Y no me daba cuenta que de nuestro lado estaban Chumpitaz, Panadero, Uribe, Cueto, Barbadillo, el ciego Oblitas. Un firmamento de estrellas como el que nunca antes habíamos tenido ni volveríamos a tener. Pasaron casi treinta años y no recuerdo selección peruana tan maravillosa como aquella de Elba de Padua Lima conocido como Tim.
Perú dio un baile esa tarde y no ganó porque a veces el fútbol es así. El buen arquero y la buena fortuna uruguaya los hicieron irse con el cero pero dejarnos dentro del mundial. Chumpi se retiró esa tarde y salió en hombros entre lágrimas. Sabía que ya no llegaría a España pero que había llevado a su equipo nuevamente a la gloria. Tercer mundial en doce años. Era una época donde llegar era mucho más fácil. Desde el 69 en que nos deshicimos de los gauchos de Perfumo y Rendo casi todo había sido triunfos. Salvo el 73 que quedamos fuera del mundial en una desafortunada definición con Chile que nos ganó 2 a 1 en el partido definitorio jugado en cancha neutral. Pero inmediatamente después logramos la Copa América del 75 con un equipo renovado. Ese recordado torneo con pase a la final por sorteo dejando fuera a Brasil. Había costumbre de ganar. En esos doce años vimos que se le podía ganar a Brasil y Uruguay en su cancha, así como eliminar a Argentina de un mundial. Sometimos totalmente a Colombia y Ecuador. Chile era la piedra en el zapato, pero les ganamos no pocas veces y los dejamos fuera en el 78. Los demás no contaban. Por lo tanto, a pesar de la natural desconfianza por el poderoso Uruguay, no tendría que sorprendernos tanto el imponernos nuevamente sobre este rival de turno.
A nivel de la máxima competencia, y a pesar de no haber tenido mayor notoriedad, llegamos a ser 7mos y 8vos en el mundo, lo cual no está nada mal considerando el alto nivel competitivo de un torneo mundial. Tuvimos memorables actuaciones como aquellas ante Bulgaria, Holanda y Escocia, equipos respetables en ese entonces en Europa; también goleadas ante Irán y Marruecos, cuando los africanos aún no ofrecían una propuesta convincente. Es cierto que no pudimos con las dos grandes potencias sudamericanas pero hicimos decorosos papeles, aún derrotas, que se recuerdan como grandes performances como el 4 a 2 ante el equipazo de Pelé campeón en el 70. Lo de Argentina sólo fue un mal sueño, donde el resultado tenístico tuvo más que ver con la política que con el deporte. Recuerdo mucho esa gira previa al mundial del 82 en que nos paseamos por Europa sometiendo a combinados italianos del Milan, Inter y Fiorentina; le pegamos un baile a la Francia de Platini en el Parque de los Príncipes; doblegamos a Hungría en Budapest y empatamos en su casa con esa Argelia que se hizo cargo de la propia Alemania meses después en el mundial.
Y después de cada victoria, al igual que esa memorable tarde del 81, saldríamos como muchas otras veces a inundar nuestras calles de la alegría y el orgullo de ser peruanos. Esas caravanas que entonces eran muy comunes. Banderas y bocinas que nos hacían recordar siempre la buena costumbre de ganar. La fiesta que se hacía interminable. Aunque nada comparable con la sensación de aquella tarde –y luego noche- en que clasificamos nuevamente a otro mundial. Ese día inolvidable en que recuerdo habernos tomado hasta el agua de los floreros para celebrar ese ansiado sueño hecho nuevamente realidad.
Esa sensación que espero volver a sentir algún día. Treinta años más viejo, pero lo suficientemente joven como para disfrutarla tanto como esa tarde de 1981. Sensación que espero que los más jóvenes puedan sentir también antes de que pierdan la fe y se cansen de alentar a su equipo. La sensación indescriptible de ver a tu selección en la élite del deporte más hermoso y apasionante: El fútbol.
Arriba Perú. Suerte para el 2014.
domingo, 7 de noviembre de 2010
Tiempo de alianzas y definiciones
Poco a poco los plazos perentorios irán cayendo, lo que significa que las definiciones las veremos en estos días. En un mes y fracción vence el plazo para la inscripción de las alianzas políticas, así que se terminarán todas las especulaciones respecto a quién se junta con quién. Venimos oyendo de posibles uniones, algunas de lo más delirantes, aunque sabemos que en el cálculo político todo es posible, sobre todo si se trata del partido aprista, quienes se aliaron con Prado en el 56 –llegando a ser gobierno en la “convivencia”-, Odría en el 62 –que no llegó por tercera vez al gobierno por el golpe de estado- y Fujimori en los 90s –de lo cual recordamos bien el desenlace- . En esa línea nada debe llamarnos la atención, aunque está claro que la mayoría de rumores no son otra cosa que especulaciones periodísticas. La fecha límite para presentar las planchas presidenciales es el 10 de Enero, así que también sabremos pronto quiénes serían los candidatos de esas posibles alianzas, donde parecería imposible que más de uno subordinara su ambición política a favor de algún aliado y de los intereses del país. Aunque podrían haber sorpresas.
Algunos candidatos, con buen tiempo en campaña e intereses muy notorios, irían de todas maneras. Son los casos de Keiko Fujimori, Luis Castañeda y Ollanta Humala. Me resulta impensable creer que alguno de ellos declinaría sus aspiraciones a llegar al sillón de Pizarro. Toledo puede querer llegar nuevamente pero es más difícil para un ex presidente ser derrotado en una elección que para un perdedor de siempre o una nueva figura. No ganar le significaría también perder influencia local, prestigio internacional e incluso posibilidades futuras. Por lo tanto, querrá estar bien seguro de sus reales opciones antes de candidatear.
El panorama luce algo distinto al de elecciones anteriores. Esta vez tenemos varios candidatos que representan posiciones doctrinarias –si así podríamos llamarlas en estos tiempos- cercanas, aunque proyectos políticos claramente diferentes –lo cual a la población parecería importarle poco-. Incluso la izquierda moderna aún sin una clara representación, aunque indudablemente con incuestionables probabilidades luego de la victoria de Fuerza Social, estaría mucho más cerca de un modelo pro sistema que de las propuestas tradicionales de la izquierda. Se menciona a Nano Guerra García, colaborador de Susana Villarán en sus temas de pequeña y mediana empresa, quien ya apareció en algunas publicaciones y programas de televisión confirmando su interés por ser candidato. También a Vladimiro Huaroc, ex presidente de la región Junín quien renunciara al cargo justamente para estar expedito para una posible candidatura. No olvidemos que Huaroc es el actual presidente de Fuerza Social y quien hizo posible que el movimiento de Susana pudiera candidatear a la alcaldía. Tampoco se ha descartado la alianza de FS con otros movimientos como Perú Posible, habiéndose sí hecho el deslinde con movimientos extremistas o fuerzas políticas democráticas más radicales como el Partido Nacionalista.
En este ya inusual contexto electoral, aparece ahora la candidatura de Mercedes Araoz como punta de lanza del Partido Aprista –aunque todavía no estamos tan seguros si del partido o de su presidente-. Es de difícil lectura en este ajedrez político qué hay detrás de esta nominación. Se especula que el partido aprista, con su evidente pobreza de cuadros propios, estaría sacrificando a Meche con la intención de tentar alianzas que ayuden a blindar a Alan García para los próximos cinco años. Está claro que los coqueteos de Alan con Castañeda y con los propios fujimoristas apuntan a los habituales acuerdos políticos que impliquen concesiones mutuas a la hora de poner sobre el tapete los temas de corrupción. En esto tanto el poder ejecutivo como en especial el Congreso han demostrado su gran capacidad para esconder la basura debajo de la alfombra y evitar que estos ejemplares de la corrupción –que ya todos sabemos quiénes son- sigan impunes detentando cargos públicos y en la representación nacional.
Si no lograra acuerdos con otra fuerza política, la guapa candidata estaría dividiendo el voto de centro y centro derecha. Esto, sin las alianzas necesarias de por medio, lo único que haría sería debilitar las candidaturas de Castañeda, Toledo, alguna eventual del PPC –se hablaba de Daniel Córdova- e incluso la izquierda de Villarán. No tanto así las de Keiko y Humala, quienes se mueven por consideraciones distintas a las que representan los candidatos mencionados. Los fujimoristas, sin un proyecto claro de gobierno, más enfocados en limpiar al dictador japonés, basados en la simpatía y arraigo del clan Fujimori sobre todo en el interior del país donde dejó obra en los 90s. Humala con posiciones extremistas anti sistema que recogen la insatisfacción de un todavía gran sector de la población que tiene poco que perder y que opta por lo general a oponerse a todo lo que signifique el statu quo. A estas alturas ya resulta poco probable pensar que Alex Kouri tentaría una opción, después de su desafortunada candidatura fallida en las municipales. También creemos que PPK, Yehude o los sobrevivientes de Acción Popular terminarán formando parte de un grupo mayor que les garantice chamba en el congreso o el poder ejecutivo por cinco años más.
Si bien Araoz, Córdova o Guerra García podría decirse que son candidatos nóveles y que aportarían algo de variedad a la oferta, en todos los casos habría fuerzas políticas consolidadas detrás de sus candidaturas. No tendríamos pues el fenómeno del outsider puro del que se ha venido hablando, tal como hace veinte años un partidito liderado por un ingeniero agrónomo sorprendió al mundo entero derrotando a los grandes conglomerados de la derecha e izquierda tradicional así como a un alicaído partido aprista que increíblemente terminó decidiendo la suerte del Perú con su apoyo al japonés, a pesar de estar dejando un país pobre, endeudado y convulsionado por el terror.
Ante este panorama político, se hace aún difícil el análisis. Mucho dependerá de las posibles alianzas que se constituyan en estos días. No necesitamos encuestas para saber que nuestro pueblo premia las obras más que la honestidad, prefiere el autoritarismo al diálogo, se atemoriza fácilmente por una campaña mediática (recordemos que Lourdes acortó casi quince puntos en la semana anterior a las elecciones municipales por el feroz ataque de los medios), presta más atención al jingle y el bailecito que a un coherente plan de gobierno y también que a veces sucumbe a la retórica y al verbo florido. No nos olvidemos tampoco del gran poder de las mujeres que, más allá de su condición de género, están sobre una ola que se está imponiendo en gran parte del mundo, incluyendo nuestro país.
Es cierto que el electorado está cambiando en su configuración. Gente más joven sin los traumas de la insania terrorista y la hiperinflación. Sectores de la población con más acceso a la modernidad y al mercado. Los problemas álgidos del país han ido variando, por lo menos en su percepción. Hoy la violencia o la corrupción pueden estar en un lugar más preeminente en la agenda de los futuros gobernantes que la propia política económica, la pacificación o la descentralización. Lo que sí está claro es que cada vez es más difícil engañar a la población –aunque todavía nos “dejamos” engañar-. El boom de las comunicaciones, el internet y las redes sociales permiten una mayor transparencia y mucho mayor acceso a la información. Lamentablemente la tecnología orientada a fines non sanctos obliga también a tener más cuidado. Todo esto hace potencialmente a los candidatos más vulnerables. Siendo esto así, nos garantiza una campaña exigente, dura, que requiere más argumentos, mayor soporte. Claro que también asegura algo de circo, destapes, golpes bajos, y seguro que sorpresas hasta el final.
Habrá que esperar un par de meses a lo sumo para tener el juego completo sobre la mesa. Esto vendrá acompañado de encuestas y pronósticos que variarán casi semanalmente en uno u otro sentido. Pero como en la última elección nada estará dicho hasta el mes de Abril. Pues está claro que la opera no se acabará hasta que cante la gorda.
Algunos candidatos, con buen tiempo en campaña e intereses muy notorios, irían de todas maneras. Son los casos de Keiko Fujimori, Luis Castañeda y Ollanta Humala. Me resulta impensable creer que alguno de ellos declinaría sus aspiraciones a llegar al sillón de Pizarro. Toledo puede querer llegar nuevamente pero es más difícil para un ex presidente ser derrotado en una elección que para un perdedor de siempre o una nueva figura. No ganar le significaría también perder influencia local, prestigio internacional e incluso posibilidades futuras. Por lo tanto, querrá estar bien seguro de sus reales opciones antes de candidatear.
El panorama luce algo distinto al de elecciones anteriores. Esta vez tenemos varios candidatos que representan posiciones doctrinarias –si así podríamos llamarlas en estos tiempos- cercanas, aunque proyectos políticos claramente diferentes –lo cual a la población parecería importarle poco-. Incluso la izquierda moderna aún sin una clara representación, aunque indudablemente con incuestionables probabilidades luego de la victoria de Fuerza Social, estaría mucho más cerca de un modelo pro sistema que de las propuestas tradicionales de la izquierda. Se menciona a Nano Guerra García, colaborador de Susana Villarán en sus temas de pequeña y mediana empresa, quien ya apareció en algunas publicaciones y programas de televisión confirmando su interés por ser candidato. También a Vladimiro Huaroc, ex presidente de la región Junín quien renunciara al cargo justamente para estar expedito para una posible candidatura. No olvidemos que Huaroc es el actual presidente de Fuerza Social y quien hizo posible que el movimiento de Susana pudiera candidatear a la alcaldía. Tampoco se ha descartado la alianza de FS con otros movimientos como Perú Posible, habiéndose sí hecho el deslinde con movimientos extremistas o fuerzas políticas democráticas más radicales como el Partido Nacionalista.
En este ya inusual contexto electoral, aparece ahora la candidatura de Mercedes Araoz como punta de lanza del Partido Aprista –aunque todavía no estamos tan seguros si del partido o de su presidente-. Es de difícil lectura en este ajedrez político qué hay detrás de esta nominación. Se especula que el partido aprista, con su evidente pobreza de cuadros propios, estaría sacrificando a Meche con la intención de tentar alianzas que ayuden a blindar a Alan García para los próximos cinco años. Está claro que los coqueteos de Alan con Castañeda y con los propios fujimoristas apuntan a los habituales acuerdos políticos que impliquen concesiones mutuas a la hora de poner sobre el tapete los temas de corrupción. En esto tanto el poder ejecutivo como en especial el Congreso han demostrado su gran capacidad para esconder la basura debajo de la alfombra y evitar que estos ejemplares de la corrupción –que ya todos sabemos quiénes son- sigan impunes detentando cargos públicos y en la representación nacional.
Si no lograra acuerdos con otra fuerza política, la guapa candidata estaría dividiendo el voto de centro y centro derecha. Esto, sin las alianzas necesarias de por medio, lo único que haría sería debilitar las candidaturas de Castañeda, Toledo, alguna eventual del PPC –se hablaba de Daniel Córdova- e incluso la izquierda de Villarán. No tanto así las de Keiko y Humala, quienes se mueven por consideraciones distintas a las que representan los candidatos mencionados. Los fujimoristas, sin un proyecto claro de gobierno, más enfocados en limpiar al dictador japonés, basados en la simpatía y arraigo del clan Fujimori sobre todo en el interior del país donde dejó obra en los 90s. Humala con posiciones extremistas anti sistema que recogen la insatisfacción de un todavía gran sector de la población que tiene poco que perder y que opta por lo general a oponerse a todo lo que signifique el statu quo. A estas alturas ya resulta poco probable pensar que Alex Kouri tentaría una opción, después de su desafortunada candidatura fallida en las municipales. También creemos que PPK, Yehude o los sobrevivientes de Acción Popular terminarán formando parte de un grupo mayor que les garantice chamba en el congreso o el poder ejecutivo por cinco años más.
Si bien Araoz, Córdova o Guerra García podría decirse que son candidatos nóveles y que aportarían algo de variedad a la oferta, en todos los casos habría fuerzas políticas consolidadas detrás de sus candidaturas. No tendríamos pues el fenómeno del outsider puro del que se ha venido hablando, tal como hace veinte años un partidito liderado por un ingeniero agrónomo sorprendió al mundo entero derrotando a los grandes conglomerados de la derecha e izquierda tradicional así como a un alicaído partido aprista que increíblemente terminó decidiendo la suerte del Perú con su apoyo al japonés, a pesar de estar dejando un país pobre, endeudado y convulsionado por el terror.
Ante este panorama político, se hace aún difícil el análisis. Mucho dependerá de las posibles alianzas que se constituyan en estos días. No necesitamos encuestas para saber que nuestro pueblo premia las obras más que la honestidad, prefiere el autoritarismo al diálogo, se atemoriza fácilmente por una campaña mediática (recordemos que Lourdes acortó casi quince puntos en la semana anterior a las elecciones municipales por el feroz ataque de los medios), presta más atención al jingle y el bailecito que a un coherente plan de gobierno y también que a veces sucumbe a la retórica y al verbo florido. No nos olvidemos tampoco del gran poder de las mujeres que, más allá de su condición de género, están sobre una ola que se está imponiendo en gran parte del mundo, incluyendo nuestro país.
Es cierto que el electorado está cambiando en su configuración. Gente más joven sin los traumas de la insania terrorista y la hiperinflación. Sectores de la población con más acceso a la modernidad y al mercado. Los problemas álgidos del país han ido variando, por lo menos en su percepción. Hoy la violencia o la corrupción pueden estar en un lugar más preeminente en la agenda de los futuros gobernantes que la propia política económica, la pacificación o la descentralización. Lo que sí está claro es que cada vez es más difícil engañar a la población –aunque todavía nos “dejamos” engañar-. El boom de las comunicaciones, el internet y las redes sociales permiten una mayor transparencia y mucho mayor acceso a la información. Lamentablemente la tecnología orientada a fines non sanctos obliga también a tener más cuidado. Todo esto hace potencialmente a los candidatos más vulnerables. Siendo esto así, nos garantiza una campaña exigente, dura, que requiere más argumentos, mayor soporte. Claro que también asegura algo de circo, destapes, golpes bajos, y seguro que sorpresas hasta el final.
Habrá que esperar un par de meses a lo sumo para tener el juego completo sobre la mesa. Esto vendrá acompañado de encuestas y pronósticos que variarán casi semanalmente en uno u otro sentido. Pero como en la última elección nada estará dicho hasta el mes de Abril. Pues está claro que la opera no se acabará hasta que cante la gorda.
lunes, 25 de octubre de 2010
Entre mentiras, mariconadas y peloteros
Rápidamente una estupidez más de nuestros bien amados peloteros cholos ha ganado carátulas y titulares de toda la prensa, la deportiva y también la que se autodenomina seria. Por eso, estamos todos escandalizados por tres muchachitos que se van de putas después de una derrota más de esas a las que nos tienen acostumbrados. Estamos más que indignados porque unos pendejitos de poca cultura e inteligencia, que ahora tienen dinero para darse lujos que algunos quisiéramos, han traicionado a un país que nuevamente les dio su confianza para ir en búsqueda del mundial ansiado. Y entonces queremos que sean castigados ejemplarmente para que los demás escarmienten...
Pero ¿es que esperamos con estas medidas que nuestros futbolistas realmente pongan las barbas en remojo? ¿acaso podemos esperar respeto al principio de autoridad en un país donde el propio jefe de estado insulta nuestra inteligencia al urdir una burda mentira para exculparse de la agresión violenta a ese pobre tipo desubicado que le dijo corrupto en un acto público?¿Podemos esperar algo distinto cuando el presidente de nuestro poder judicial -el único poder del estado más corrupto que el propio ejecutivo- apaña a este señor bajo la increíble teoría de que es legítima defensa porque no podemos ser un país de maricas? ¿Podemos esperar mucho de estos jóvenes de origen humilde en un país donde su propia institucionalidad muestra tal carencia de valores?
Hace unos días aplaudimos los cien mil euros de multa que tuvo que pagar Paolo Guerrero en Alemania por arrojarle una botella de plástico en la cara a un hincha que lo insultó a la salida de la cancha, práctica muy común en cualquier estadio del mundo (me refiero a los insultos, no al botellazo). También nos solidarizamos con la vedette de moda que fue maltratada salvajemente por su marido celoso, al igual que otros tantos miles maltratan física y psicológicamente a sus mujeres por el solo hecho de serlo (me refiero a las mujeres, no al patán). Nos perturbó que una población descontrolada de alguna barriada atara desnudo a un poste a un ladrón atrapado robándose unas cuantas gallinas y lo golpeara casi hasta matarlo, cuando sabemos que esta policía que tenemos no estuvo a tiempo para evitarlo ni lo estará por un buen tiempo (me refiero a la paliza, no al gallinicidio). Cada día nos horrorizamos con hechos similares y juzgamos implacablemente a aquellos a quienes la vida les negó la oportunidad de una buena educación y de un buen ejemplo, perdiendo de vista lo que realmente importa (me refiero al verdadero tema de fondo…)
Muchos somos los mismos a quienes nos parece casi normal que nuestros mandatarios, nuestras autoridades, den golpes de estado, o conspiren para “desaparecer” estudiantes sospechosos de terrorismo; los mismos que nos hacemos de la vista gorda cuando los vemos robar pero los perdonamos porque hacen obras; o los mismos a los que nos parece poco relevante que nieguen su paternidad sobre alguna hija o tengan otros fuera del matrimonio; los mismos que pasamos por alto que le pateen el trasero a personas poco inteligentes que se atraviesan en su camino o abofeteen a quienes les gritan en la cara verdades a voces. Pero peor que todo lo anterior, los mismos que permitimos que nos mientan día a día, en cada discurso, en cada entrevista, en cada declaración. Los mismos que convivimos con una doble moral que creo que es la principal causa por la cual, aún en una época de crecimiento económico, seguimos perdiendo claramente la lucha contra la corrupción, la delincuencia y la mentira.
No creo que sea ninguna falta irreparable que unos muchachos irresponsables se escapen de una concentración, frente a la debacle moral que vemos por esa ventana que nos abren los medios de comunicación cada día. Seguramente ya nos encargaremos de contribuir, a partir de mañana y después de los castigos de rigor a esos jugadores poco patriotas, a la creación de una nueva cortina de humo (no porque sea un invento sino por el orden de importancia que le damos) que nos haga olvidar el respeto que nos merecemos por el sólo hecho de ser hijos de este país que lamentablemente tanto anormal representa oficialmente.
18 de Octubre 2010
Pero ¿es que esperamos con estas medidas que nuestros futbolistas realmente pongan las barbas en remojo? ¿acaso podemos esperar respeto al principio de autoridad en un país donde el propio jefe de estado insulta nuestra inteligencia al urdir una burda mentira para exculparse de la agresión violenta a ese pobre tipo desubicado que le dijo corrupto en un acto público?¿Podemos esperar algo distinto cuando el presidente de nuestro poder judicial -el único poder del estado más corrupto que el propio ejecutivo- apaña a este señor bajo la increíble teoría de que es legítima defensa porque no podemos ser un país de maricas? ¿Podemos esperar mucho de estos jóvenes de origen humilde en un país donde su propia institucionalidad muestra tal carencia de valores?
Hace unos días aplaudimos los cien mil euros de multa que tuvo que pagar Paolo Guerrero en Alemania por arrojarle una botella de plástico en la cara a un hincha que lo insultó a la salida de la cancha, práctica muy común en cualquier estadio del mundo (me refiero a los insultos, no al botellazo). También nos solidarizamos con la vedette de moda que fue maltratada salvajemente por su marido celoso, al igual que otros tantos miles maltratan física y psicológicamente a sus mujeres por el solo hecho de serlo (me refiero a las mujeres, no al patán). Nos perturbó que una población descontrolada de alguna barriada atara desnudo a un poste a un ladrón atrapado robándose unas cuantas gallinas y lo golpeara casi hasta matarlo, cuando sabemos que esta policía que tenemos no estuvo a tiempo para evitarlo ni lo estará por un buen tiempo (me refiero a la paliza, no al gallinicidio). Cada día nos horrorizamos con hechos similares y juzgamos implacablemente a aquellos a quienes la vida les negó la oportunidad de una buena educación y de un buen ejemplo, perdiendo de vista lo que realmente importa (me refiero al verdadero tema de fondo…)
Muchos somos los mismos a quienes nos parece casi normal que nuestros mandatarios, nuestras autoridades, den golpes de estado, o conspiren para “desaparecer” estudiantes sospechosos de terrorismo; los mismos que nos hacemos de la vista gorda cuando los vemos robar pero los perdonamos porque hacen obras; o los mismos a los que nos parece poco relevante que nieguen su paternidad sobre alguna hija o tengan otros fuera del matrimonio; los mismos que pasamos por alto que le pateen el trasero a personas poco inteligentes que se atraviesan en su camino o abofeteen a quienes les gritan en la cara verdades a voces. Pero peor que todo lo anterior, los mismos que permitimos que nos mientan día a día, en cada discurso, en cada entrevista, en cada declaración. Los mismos que convivimos con una doble moral que creo que es la principal causa por la cual, aún en una época de crecimiento económico, seguimos perdiendo claramente la lucha contra la corrupción, la delincuencia y la mentira.
No creo que sea ninguna falta irreparable que unos muchachos irresponsables se escapen de una concentración, frente a la debacle moral que vemos por esa ventana que nos abren los medios de comunicación cada día. Seguramente ya nos encargaremos de contribuir, a partir de mañana y después de los castigos de rigor a esos jugadores poco patriotas, a la creación de una nueva cortina de humo (no porque sea un invento sino por el orden de importancia que le damos) que nos haga olvidar el respeto que nos merecemos por el sólo hecho de ser hijos de este país que lamentablemente tanto anormal representa oficialmente.
18 de Octubre 2010
La influencia de MVLL en mi vida
Debo haber tenido diez u once años cuando descubrí a MVLL. Pasaron más de treinta. Ya por esa época era considerado el más importante de los escritores peruanos contemporáneos, habiendo sido uno de los mayores exponentes del llamado boom latinoamericano, movimiento sesentero que reunió a los grandes talentos de esta parte del mundo como Julio Cortázar, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez. Casi junto a él me topé con Gabo y Julio Ramón Ribeyro, genios del boom que pasaron a convertirse en mi triunvirato preferido. Empecé con cuentos, aunque debo reconocer que las historias de marginalidad de los dos primeros tomos de " La Palabra del Mudo" superaron en mis preferencias a las de "Los Jefes", que me dejaron con cierto sabor de inconformidad ante la sensación de quedarme ante algo que se terminó a la mitad, quizás porque siendo su ópera prima recogía relatos que más bien fueron novelas truncas. Mi amor por la lectura debo debérsela a ellos pues me hicieron conocer mundos y personajes inolvidables que después de tanto tiempo todavía recuerdo con nitidez y hasta con cariño.
En ese tiempo, Vargas Llosa era para mi un escritor desconcertante en tanto sus cuentos y novelas retrataban la vida rebelde de jóvenes y adolescentes que se sublevaban al medio y al orden de cosas, lo cual era provocador para mi edad pero subversivo por la educación recibida en casa. Desde Los Jefes en que nos muestra una rebelión estudiantil en su cuento "la huelga" y luego una lucha a chavetazos en "el desafío", hasta un mundo de violencia y descontrol en "La Ciudad y los Perros" en la que el rompimiento de ciertos códigos del grupo son capaces de provocar historias tan sórdidas como el crimen del Esclavo en manos del temible Jaguar. A pesar de ello, recuerdo haber cumplido los 12 años y haber leido ya tres veces la historia del teniente Gamboa y el Poeta, atrapado entre el amor a la insignificante Teresa y sus prejuicios sociales que lo empujaron a elegir por su enamoradita miraflorina Marcela. Recuerdo la crudeza del lenguaje que a esa edad me daba la sensación de afinidad generacional con el autor, que me encantaba, pero que hasta llegaba a avergonzarme a mi mismo en ocasiones. Recuerdo la impresión al conocer las vicisitudes de Pichula Cuéllar de "Los Cachorros", cuya brutalidad de su castración me impactó tremendamente.
Seguí con "La Casa Verde" que no mostraba esta vez adolescentes sino más bien decadentes adultos que a lo largo de la novela se van destruyendo lentamente. Ésta como las anteriores, dejaban una sensación extraña por el carácter ciertamente autobiográfico, con personajes imaginarios pero que nos dejan atrapados entre la verdad y la leyenda, entre la fantasía y la realidad. Pero Varguitas además era un escritor muy ameno. "Pantaleón y las Visitadoras" fue sin duda una obra maravillosa cuya promiscuidad en plena adolescencia me resultó excitante. Del burdel piurano de Anselmo de la casa verde pasamos a las bataclanas de Don Panta, quienes movilizaron mis hormonas a una velocidad que ninguna revistita de la época pudo haber logrado. Fue una novela que recuerdo haber leído en los recreos en plena secundaria y que me hizo despertar aún más que algunos años atrás la pies dorados de "La Ciudad y los Perros". Por esa época cogí también los dos tomos de "Conversación en la Catedral". Posiblemente, junto a "Cien Años de Soledad" la más influyente novela de mi adolescencia. Fue una novela que a diferencia de las otras que mostraban realidades parciales o institucionales, ponía en conexto la totalidad del país de aquel entonces. Una novela que incluso retrató hechos reales, recuerdo puntualmente la revuelta y huelga de Arequipa contra el general Odría, el mundo del periodismo en el que pululaba Zavalita entre la bohemia y su conciencia de clase, la corrupción del régimen que seguramente no es muy diferente a la que existe en nuestros días, aunque menos sofisticada y sin vladivideos.
Sin embargo después de éstas, y mientras descubría otros autores y crecía mi interés por otro tipo de literatura, voy abandonando el gusto por Vargas Llosa. Fueron tiempos en que se había movido ya de sus posiciones radicales de defensa de la revolución de Fidel para irse totalmente hacia el otro extremo, el de la derecha más reaccionaria de aquel entonces. Momentos en que se profundizó su enemistad con Gabo y en la que su presencia mediática me resultaba por lo menos antipática. Todo esto me llevó a irlo abandonando, diferencias literarias, diferencias personales, diferencias políticas. Me lo pasé de largo cuando "La Guerra del Fin del Mundo", su Tía Julia, "Los cuadernos de Don Rigoberto" y muchas más. Y la verdad nunca me sentí tentado de recobrar el tiempo perdido, pues nunca volví por esa obra por la que pasé de largo como quien pasa una estación de tren con la idea de que no pasará nunca más en la ruta de regreso. Sin embargo, lo retomé muchos años después, luego de su intento fallido en la política que, contra lo que piensan muchos, seguramente hubiera terminado de desdibujarlo y hoy tendríamos un expresidente poco querido y no un laureado premio nobel. Un día, ya casado, me encontré en casa de mis padres un ejemplar de "La Fiesta del Chivo", que tomé primero por simple curiosidad, pero luego de hojear las primeras páginas, me atrapó. Me atrapó por su riqueza narrativa y su técnica ya utilizada en algunas de sus primeras novelas, despedazando el relato en muchos pedazos para luego montarlos en una composición novelística, combinando episodios que ocurren en tiempos y lugares distintos, circulando las vivencias de cada episodio enriqueciéndose mutuamente. Otra vez sus increíbles personajes, todos de la vida real, hicieron imposible que no devorara el libro en dos o tres días y que luego, tal como me sucede en estos casos, me diera tiempo para seguir releyendo durante las semanas posteriores. De esta forma, recuperé el gusto por MVLL, siguiendo luego con su obra periodística y también literaria, pudiendo deleitarme también con "Las travesuras de la niña mala", un relato promiscuo y dramático que seguro volveré a hojear un día de estos.
Por todo esto, para mi es una satisfacción que este gran escritor haya recibido el Premio Nobel. Me satisface porque significó mucho en mi despertar y el amor que hoy siento por la lectura. Como también me dio gusto que lo obtuviera Gabo hace casi treinta años y que me impulsó a leer todo lo que escribiera y cayera por mis manos desde entonces. En esa línea, quizás ahora sí decida desandar en busca de lo que dejé en el camino sin leer. Por eso me da gusto. No soy de los que se sube al carro del orgullo popular porque un peruano ilustre haya sido reconocido de esta manera. Pero reconozco el valor de un compatriota que nos ayuda nuevamente a colocarnos en el mapa, a estar visibles para los ojos de mundo. Así que además de sus libros, eso tendremos que agradecérselo también.
En ese tiempo, Vargas Llosa era para mi un escritor desconcertante en tanto sus cuentos y novelas retrataban la vida rebelde de jóvenes y adolescentes que se sublevaban al medio y al orden de cosas, lo cual era provocador para mi edad pero subversivo por la educación recibida en casa. Desde Los Jefes en que nos muestra una rebelión estudiantil en su cuento "la huelga" y luego una lucha a chavetazos en "el desafío", hasta un mundo de violencia y descontrol en "La Ciudad y los Perros" en la que el rompimiento de ciertos códigos del grupo son capaces de provocar historias tan sórdidas como el crimen del Esclavo en manos del temible Jaguar. A pesar de ello, recuerdo haber cumplido los 12 años y haber leido ya tres veces la historia del teniente Gamboa y el Poeta, atrapado entre el amor a la insignificante Teresa y sus prejuicios sociales que lo empujaron a elegir por su enamoradita miraflorina Marcela. Recuerdo la crudeza del lenguaje que a esa edad me daba la sensación de afinidad generacional con el autor, que me encantaba, pero que hasta llegaba a avergonzarme a mi mismo en ocasiones. Recuerdo la impresión al conocer las vicisitudes de Pichula Cuéllar de "Los Cachorros", cuya brutalidad de su castración me impactó tremendamente.
Seguí con "La Casa Verde" que no mostraba esta vez adolescentes sino más bien decadentes adultos que a lo largo de la novela se van destruyendo lentamente. Ésta como las anteriores, dejaban una sensación extraña por el carácter ciertamente autobiográfico, con personajes imaginarios pero que nos dejan atrapados entre la verdad y la leyenda, entre la fantasía y la realidad. Pero Varguitas además era un escritor muy ameno. "Pantaleón y las Visitadoras" fue sin duda una obra maravillosa cuya promiscuidad en plena adolescencia me resultó excitante. Del burdel piurano de Anselmo de la casa verde pasamos a las bataclanas de Don Panta, quienes movilizaron mis hormonas a una velocidad que ninguna revistita de la época pudo haber logrado. Fue una novela que recuerdo haber leído en los recreos en plena secundaria y que me hizo despertar aún más que algunos años atrás la pies dorados de "La Ciudad y los Perros". Por esa época cogí también los dos tomos de "Conversación en la Catedral". Posiblemente, junto a "Cien Años de Soledad" la más influyente novela de mi adolescencia. Fue una novela que a diferencia de las otras que mostraban realidades parciales o institucionales, ponía en conexto la totalidad del país de aquel entonces. Una novela que incluso retrató hechos reales, recuerdo puntualmente la revuelta y huelga de Arequipa contra el general Odría, el mundo del periodismo en el que pululaba Zavalita entre la bohemia y su conciencia de clase, la corrupción del régimen que seguramente no es muy diferente a la que existe en nuestros días, aunque menos sofisticada y sin vladivideos.
Sin embargo después de éstas, y mientras descubría otros autores y crecía mi interés por otro tipo de literatura, voy abandonando el gusto por Vargas Llosa. Fueron tiempos en que se había movido ya de sus posiciones radicales de defensa de la revolución de Fidel para irse totalmente hacia el otro extremo, el de la derecha más reaccionaria de aquel entonces. Momentos en que se profundizó su enemistad con Gabo y en la que su presencia mediática me resultaba por lo menos antipática. Todo esto me llevó a irlo abandonando, diferencias literarias, diferencias personales, diferencias políticas. Me lo pasé de largo cuando "La Guerra del Fin del Mundo", su Tía Julia, "Los cuadernos de Don Rigoberto" y muchas más. Y la verdad nunca me sentí tentado de recobrar el tiempo perdido, pues nunca volví por esa obra por la que pasé de largo como quien pasa una estación de tren con la idea de que no pasará nunca más en la ruta de regreso. Sin embargo, lo retomé muchos años después, luego de su intento fallido en la política que, contra lo que piensan muchos, seguramente hubiera terminado de desdibujarlo y hoy tendríamos un expresidente poco querido y no un laureado premio nobel. Un día, ya casado, me encontré en casa de mis padres un ejemplar de "La Fiesta del Chivo", que tomé primero por simple curiosidad, pero luego de hojear las primeras páginas, me atrapó. Me atrapó por su riqueza narrativa y su técnica ya utilizada en algunas de sus primeras novelas, despedazando el relato en muchos pedazos para luego montarlos en una composición novelística, combinando episodios que ocurren en tiempos y lugares distintos, circulando las vivencias de cada episodio enriqueciéndose mutuamente. Otra vez sus increíbles personajes, todos de la vida real, hicieron imposible que no devorara el libro en dos o tres días y que luego, tal como me sucede en estos casos, me diera tiempo para seguir releyendo durante las semanas posteriores. De esta forma, recuperé el gusto por MVLL, siguiendo luego con su obra periodística y también literaria, pudiendo deleitarme también con "Las travesuras de la niña mala", un relato promiscuo y dramático que seguro volveré a hojear un día de estos.
Por todo esto, para mi es una satisfacción que este gran escritor haya recibido el Premio Nobel. Me satisface porque significó mucho en mi despertar y el amor que hoy siento por la lectura. Como también me dio gusto que lo obtuviera Gabo hace casi treinta años y que me impulsó a leer todo lo que escribiera y cayera por mis manos desde entonces. En esa línea, quizás ahora sí decida desandar en busca de lo que dejé en el camino sin leer. Por eso me da gusto. No soy de los que se sube al carro del orgullo popular porque un peruano ilustre haya sido reconocido de esta manera. Pero reconozco el valor de un compatriota que nos ayuda nuevamente a colocarnos en el mapa, a estar visibles para los ojos de mundo. Así que además de sus libros, eso tendremos que agradecérselo también.
Se acaba una campaña que ha desnudado nuestras propias miserias... (dos días antes)
Creo que cualquier analista político habría naufragado en estas elecciones municipales. La cantidad de episodios que se fueron sucediendo desde que arrancó la campaña, nos hizo ver un panorama que iba cambiando a medida que se iban moviendo las fichas en una u otra dirección. Para un comunicador como yo, el proceso ha resultado sorprendente. Para un amante de la democracia como yo, el proceso ha sido nauseabundo.
Luego de casi diez años y dos gobiernos, hemos visto con pena que no hemos podido desligarnos de la herencia montesinista que nos dejó ese oscuro personaje y su protector japonés. A fines del siglo pasado fuimos testigos de excepción de la asquerosa venta de las líneas editoriales de casi toda la prensa nacional por maletines llenos de dinero que, sin ningún escrúpulo, se entregaron a intereses mafiosos en contra de todos los peruanos. Esta vez, la cosa no ha sido muy diferente. Olvidando la responsabilidad que tienen por dar información veraz y objetiva, medios y principales periodistas, optaron por defender a su candidato de preferencia utilizando los métodos más siniestros. Tuvimos a un Jaime Bayly en una campaña diaria de demolición, primero de Kouri y luego, éste fuera de combate, impiadosa batería pesada contra la candidata de la derecha. En la vereda de enfrente, un alineamiento como nunca antes visto de los principales líderes de opinión de medios audiovisuales y grupos de prensa escrita. Se inventó, se mintió, se exageró, se asustó, se recurrió a todas las armas para intentar frenar el crecimiento vertiginoso de la candidata de la izquierda. En este contexto, se sacaron audios obtenidos ilegalmente en canales de televisión y estaciones de radio que, más allá de desnudar debilidades personales y prácticas non sanctas, fueron la expresión más clara del nivel al que habíamos llegado. Por eso ya no podía sorprender que esta última semana, al estilo de las campañas orquestadas por Montesinos contra Andrade, Toledo y cualquier otro candidato que por un momento pusiera en riesgo la pretendida perpetuidad del poder de Fujimori, se tejieran las historias más rebuscadas e inverosímiles producto de la desesperación al ver alejarse cada vez más a la sorprendente Susana. Y así como la mafia supo siempre que nuestro ciudadano promedio puede ser manipulado, esta vez la prensa que se ufana de su defensa de la democracia hizo lo mismo. Es decir, vimos con vergüenza –por lo menos yo sí me avergüenzo- de lo que podemos ser capaces cuando queremos tumbar a alguien que no piensa como nosotros. Vimos a todos estos paladines de la democracia que más bien parecían ser parte de uno de esos sistemas totalitarios que ellos mismos repudian.
También vale la pena comentar que por primera vez en el país, las redes sociales han sido determinantes en la elección. La posibilidad de opinar del ciudadano de a pie, -derecho que estoy ejerciendo yo mismo en estos momentos- y que todos podamos oir y cuestionar con el mismo poder de alcance, sin duda que es lo más destacable a nivel de comunicación. A pesar de esto, creo que lamentablemente, ante falta de filtro, contribuyeron en parte a la desinformación y la calumnia. En ese sentido, los medios de comunicación tradicionales son los que terminaron orientando e influenciando la opinión de quienes quisimos expresarnos en estos espacios.
Creo que el final es impredecible. Sospecho que será casi de foto. En cualquier caso, espero que Lima gane. Ambas candidatas son mejores de lo que nos han querido hacer creer. Una pena que hayamos tenido que someterlas a nuestras propias miserias.
Luego de casi diez años y dos gobiernos, hemos visto con pena que no hemos podido desligarnos de la herencia montesinista que nos dejó ese oscuro personaje y su protector japonés. A fines del siglo pasado fuimos testigos de excepción de la asquerosa venta de las líneas editoriales de casi toda la prensa nacional por maletines llenos de dinero que, sin ningún escrúpulo, se entregaron a intereses mafiosos en contra de todos los peruanos. Esta vez, la cosa no ha sido muy diferente. Olvidando la responsabilidad que tienen por dar información veraz y objetiva, medios y principales periodistas, optaron por defender a su candidato de preferencia utilizando los métodos más siniestros. Tuvimos a un Jaime Bayly en una campaña diaria de demolición, primero de Kouri y luego, éste fuera de combate, impiadosa batería pesada contra la candidata de la derecha. En la vereda de enfrente, un alineamiento como nunca antes visto de los principales líderes de opinión de medios audiovisuales y grupos de prensa escrita. Se inventó, se mintió, se exageró, se asustó, se recurrió a todas las armas para intentar frenar el crecimiento vertiginoso de la candidata de la izquierda. En este contexto, se sacaron audios obtenidos ilegalmente en canales de televisión y estaciones de radio que, más allá de desnudar debilidades personales y prácticas non sanctas, fueron la expresión más clara del nivel al que habíamos llegado. Por eso ya no podía sorprender que esta última semana, al estilo de las campañas orquestadas por Montesinos contra Andrade, Toledo y cualquier otro candidato que por un momento pusiera en riesgo la pretendida perpetuidad del poder de Fujimori, se tejieran las historias más rebuscadas e inverosímiles producto de la desesperación al ver alejarse cada vez más a la sorprendente Susana. Y así como la mafia supo siempre que nuestro ciudadano promedio puede ser manipulado, esta vez la prensa que se ufana de su defensa de la democracia hizo lo mismo. Es decir, vimos con vergüenza –por lo menos yo sí me avergüenzo- de lo que podemos ser capaces cuando queremos tumbar a alguien que no piensa como nosotros. Vimos a todos estos paladines de la democracia que más bien parecían ser parte de uno de esos sistemas totalitarios que ellos mismos repudian.
También vale la pena comentar que por primera vez en el país, las redes sociales han sido determinantes en la elección. La posibilidad de opinar del ciudadano de a pie, -derecho que estoy ejerciendo yo mismo en estos momentos- y que todos podamos oir y cuestionar con el mismo poder de alcance, sin duda que es lo más destacable a nivel de comunicación. A pesar de esto, creo que lamentablemente, ante falta de filtro, contribuyeron en parte a la desinformación y la calumnia. En ese sentido, los medios de comunicación tradicionales son los que terminaron orientando e influenciando la opinión de quienes quisimos expresarnos en estos espacios.
Creo que el final es impredecible. Sospecho que será casi de foto. En cualquier caso, espero que Lima gane. Ambas candidatas son mejores de lo que nos han querido hacer creer. Una pena que hayamos tenido que someterlas a nuestras propias miserias.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)