domingo, 17 de julio de 2011

Apuntes luego del Perú vs. Colombia

UN RESULTADO HISTÓRICO. Un premio a la actitud, voluntad y adhesión según su técnico. Adhesión a un libreto difícil, sacrificado, riguroso, fiel a conceptos que no podemos rotular para no molestar al mago, pero que tiene mucho que ver con lo que ya muchos vienen definiendo. Orden defensivo, solidez en la zaga, mediocampo poblado y con marca, llegada con pocos hombres, de rato en rato, pero letal. Nunca tanto como hoy. Porque 2-0 con tan pocas ocasiones reales de gol, dejando un arco invicto luego de un penal, dos disparos a los tubos, un mano a mano y más de un susto adicional a los ya mencionados, no es nada fácil, pero es la materialización de una planificación impecable. Nunca mejor cumplida. Pasar a semifinales no ha sido poca cosa. Sobre todo porque se logró contra un rival que era el que mejor fútbol había hecho en la copa. Con un equipo inferior en plantel, diezmado antes y durante el propio torneo por lesiones. Y porque el arbitraje fue adverso, duro desde el primer minuto del torneo.

UN SENTIMIENTO ÚNICO. El del hincha. El que acompaña a su selección y no deja de cantar y de sufrir. Ese que aguanta un clima hostil a veces, como ante Chile, o la angustia de imaginar regresar a casa con la bronca de una eliminación prematura, luego de cada partido. O ese otro, la gran mayoría, que a millas de distancia, en su casa, en el auto, en el mercado, en la calle, se come las uñas soportando cada ataque rival que no llega a las redes, envejece un poquito cada partido y pasa mal ese último minuto 45 que tan funesto ha sido para los equipos peruanos en innumerables competencias internacionales, incluída ésta.

UN ENTRENADOR GENIAL. El de esta selección. Capaz de enfrentar primero una prensa implacable, mercenaria, que espera siempre el traspié para hacer leña del árbol caído. Y luego hacerse cargo de un grupo sin mayor ambición, golpeada por los fracasos y la mediocridad del medio, al que imprimió autoconfianza, amor propio, ilusión. Donde no importan tanto los nombres sino la identidad del equipo. Que puede llamarse equipo y no un grupito de habilidosos que juegan a su propia inspiración. Como Argentina, constelación de estrellas que fracasa estrepitosamente torneo tras torneo sin una dirección que aproveche el gran talento. Un entrenador que ha transmitido mística no sólo a sus jugadores sino a todo un pueblo que empieza a ver el trabajo realizado, no sólo en los resultados, sino en el juego, en la actitud, en el amor propio que transmite cada uno de sus convocados.

UNA DUPLA DE PREDESTINADOS. Guerrero y Vargas. Las armas secretas de este equipo sin grandes figuras, pero que tienen en ellos a sus dos pilares. Por juego, por liderazgo, por experiencia, por raza. Dos triunfadores en sus carreras deportivas que demuestran partido a partido su compromiso con su profesión, con su técnico y con su país. Los que nunca dan una pelota por perdida, corren hasta que las piernas les responden, pelean si es necesario con los rivales, con los árbitros y con las hinchadas contrarias. Un par de leones que no se achican y que son, con su técnico, los principales responsables de esta ya exitosa participación en el principal torneo continental.

LA DEL ESTRIBO. Se dijo muchas cosas hasta ahora. Primero que eramos los más débiles del torneo. Luego que estábamos inflados por el empate con el cuarto del mundo. Después que le habíamos ganado a una sub 22 de México. Finalmente que Chile nos había bajado a tierra para dejarnos listos para que los colochos no regresen a casa y a nuestra realidad. Ahora, todos ya se subieron al carro y "confían" en que pasaremos el último escollo antes de la final ansiada. No seamos resultadistas. Lo único claro que hay que tener es que en el deporte se gana y se pierde. Que esa es la esencia del juego. Aunque siempre estaremos más cerca de la victoria cuando se trabaja y se hace las cosas con profesionalismo, esfuerzo y honestidad. Por eso, sigamos opinando pero dejemos trabajar a los que saben. Con eso ya habremos ganado bastante. Mucho más que una copa.

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