sábado, 23 de julio de 2011

¿Estamos ante el resurgimiento del deporte peruano?

Desde los 70s hasta casi fines de los 90s, en que el deporte peruano nos daba alegrías y triunfos, no recuerdo un mejor momento deportivo al que estamos viviendo en los últimos meses. Entonces, el orgullo de ser peruano nos inundaba cada vez que un combinado nacional entraba en la cancha porque sabíamos que íbamos con grandes posibilidades de triunfo, en la búsqueda de la gloria, sin miedos ni escepticismo. El año 75 obtuvimos la Copa América con esa oncena liderada por el gran capitán, llamado también el capitán de América, Héctor Chumpitaz, y con la mejor generación que nuestra historia futbolística nos ha dado. Jugadores que nos dieron, además de esa copa, medallas en el '79 y el '83, además de clasificarnos a los mundiales México, Argentina y España, con equipos fantásticos que pudieron ser sensación en la élite del fútbol mundial. A nivel de clubes, si bien nunca fuimos referentes en la región, también logramos algunas participaciones memorables como la Copa Libertadores del '72 en que la "U" logró el subcampeonato, y participaciones muy dignas como las de la propia "U" en el '75 en que llegó a semifinales. Nos queda en la retina los resonantes triunfos ante el poderosísimo Peñarol de entonces, cuando Papelito Cáceres le tapó dos penales a Morena en Montevideo o cuando Rubén Techera volteó un partido de infarto en el Estadio Nacional que finalmente se ganó por 3 a 2.

Por allí nomás, en el año 77, logramos el sudamericano de basketball femenino jugado en Lima y coronado con una final electrizante frente a Brasil, una potencia imbatible que desde entonces ha dado capote en la disciplina -habiendo perdido sólo dos finales en más de veinte campeonatos hasta el día de hoy, una de ellas la de ese año-. Ese equipo peruano nos regaló alegrías inolvidables en el antiguo Coliseo Amauta, haciendo famosas a Sheila Allison, Marilú Meléndez, Katia Manzur, Doris Delgado, Bertha Roman, Rosa Salguana, entre otras guerreras que también nos hicieron subir al podio en cuatro ocasiones en los 80s, lo cual nunca más se repitió. No hay antecedentes similares en este deporte, sobre todo del compromiso de todo el país con su equipo que, recuerdo, palpitó toda la campaña llenando los escenarios deportivos para brindar su apoyo a su selección.

Del voley hay poco que decir porque se dijo ya todo. Pero la hegemonía que tuvimos en el continente fue absoluta, diez campeonatos del '71 al '89 sólo interrumpida el año 81 en Brasil en que nos robaron la final sudamericana. Un partido extraño en un ambiente hostil y agresivo que se dice fue el vuelto por la "manito"que le dimos a Argentina tres años antes en su mundial de fútbol y que dejó a Brasil fuera de la final por diferencia de goles. Salvo este episodio aislado, logramos todos los títulos posibles, incluído el subcampeonato del mundo en 1982 cuando liderados por nuestras ahora congresistas Tait y Pérez del Solar, disfrutamos como nunca con el voleyball, momentos sólo comparables con esas madrugadas de Seúl seis años después.

Se complementaba el éxito deportivo por equipos con participaciones individuales destacables, con atletas de categoría que llegaron a representarnos en Olimpiadas como Fernando Acevedo, o Edith Noeding, medalla de oro en 100 metros con vallas en los juegos Panamericanos de 1975 sobre rivales de EEUU, Cuba, Canadá y Jamaica. Velocistas como Carmela Bolivar y saltadores como Alfredo Deza. Entre muchos otros que entonces nos daban lauros deportivos con bastante frecuencia.

Más de treinta años después, empezamos a ver un resurgimiento más o menos consistente en el deporte peruano. No es casual que en poco tiempo hayamos logrado campeonar a nivel mundial en surfing, volver a estar adportas de un mundial de voley de mayores, obtener a través de la "U" la primera Copa Libertadores Sub 20, estar en la final de la zona americana de la Davis, llegar a semifinales de una Copa América de fútbol. No es casual que surjan iniciativas privadas como la de ADO (Asociación de Deportistas Olímpicos) y que hacen abrigar esperanzas de un desarrollo deportivo orgánico que nos coloque en un sitial destacable en el continente. Y todo esto, en medio de un panorama económico y político incierto, -pero sin duda favorable en la última década-.

Como consecuencia de lo dicho, nos olvidamos de preocupaciones mayores y dejamos por un momento salir nuestro entusiasmo, nuestra esperanza, contagiados por el liderazgo de algunos personajes inspiradores como el profesor Markarián, o por predestinados como Guerrero y Vargas, Baella e Yllescas, Mulanovich y Villarán, Malpartida o Beretta. No hay duda de que el deporte es fundamental para el estado de ánimo de un país y de su gente. Es capaz de trasformar el aura a veces oscura de un país sufrido y esforzado, a una brillante y luminosa. Es capaz de cambiar la actitud de un pueblo que como ahora, a una hora de la esperada definición del tercer puesto de esta sorprendente Copa América, aguarda ilusionada un triunfo que nos haga sentir, tal como más de veinte años atrás, nuevamente el orgullo de ser peruanos

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