lunes, 25 de octubre de 2010

El Juego de Jaimito

Jaimito juega a ser Dios. Su juego no es otro que demostrar que él es capaz de definir una elección. No es poca cosa. No estoy seguro si realmente cree en Susana o cree más en su propia capacidad para encumbrarla y para sacar de carrera a la desleal Lulú que se negó a acudir a su programa. Ella lo subestimó y su temor a preguntas incómodas, probablemente más relacionadas a su virginidad o algún otro tema “tabú” para ella, terminaron costándole más caro de lo que pudo imaginarse. Hizo lo necesario para que el irrechazable entrevistador decidiera hacerla puré por su atrevimiento. Me cuesta trabajo creer que Jaimito creyera que la opción socialistoide de la Villarán es la mejor para Lima, no porque no pudiera ser una buena opción, sino porque el polémico periodista tiene una línea bastante lejana a la doctrina progresista de la candidata. Incluso pienso que no habría sido extraño, si faltaran cuatro semanas todavía para las elecciones, que ante el rápido repunte de caperucita y debacle de Lulú, hubiera intentado promocionar a Alegría o Andrade, quitándole el apoyo a Susana para demostrar hasta dónde llega su poder.

Ya lo hizo antes con el deporte. Sacó de carrera a la selección peruana de fútbol más auspiciosa de los últimos veinte años. Pizarro, Farfán, Acasiete, Mendoza, algunos de los jugadores sepultados por nuestro personaje, fueron sólo las cabezas visibles del daño irreparable que se le hizo a esta selección, no muy distinta por su indisciplina, a las muchas otras que nos representaron antes. Desde los gloriosos 70s cuando Perico León se escapaba de las concentraciones trepando muros y Challe y el Cabezón Mifflin hacían más de una travesura, hasta la del escandaloso equipo ampayado en una chupeta en San Miguel apañado por el paternalista Juan Carlos Oblitas. Pero en esta última ocasión, los Baylys y Magalys, más interesados en afianzar su condición de omnipotentes, se encargaron de defenestrar a nuestros, hasta ese momento, idolatrados Claudio, Paolo y Chemo y, en definitiva, de llevarnos a la vergüenza histórica de ser a la postre y por primera vez en nuestra historia la peor selección de sudamérica.

En el terreno político también había demostrado ese poder, en menor escala, cuando consiguió que un desconocido Meier en San Isidro se llevara por delante al experimentado alcalde Jorge Salmón, con el solo hecho de tener un par de apariciones en su programa vespertino, incluida una barrida de calles al alimón con el churro de moda hijo del candidato. También Jaime también fue el encargado de dar el puntapié inicial a la caída imparable de la popularidad del entonces recién iniciado Alejandro Toledo en la conducción del país, quien descaradamente desconocía la paternidad de la menor de sus hijas. Yendo un poco más atrás, ya en las presidenciales del 2001, junto a Álvaro Vargas Llosa, inició una descabellada campaña por el voto en blanco que llegó a tener en las encuestas hasta un 30% de intención de voto, pero que no prosperó cuando se polarizó la elección, obteniendo a la postre sólo el 13% entre blancos y nulos, el porcentaje más bajo desde las elecciones del año 80.

Hoy muchos que lo celebraron en sus campañas por Zaraí, en contra de los seleccionados, en la reivindicación de Gisella, con su mayor ferocidad contra Laura Bozo o Beto Ortiz, en defensa de Magaly o sistemáticamente contra García, despotrican amargamente contra él por haberle puesto la lápida a la señorita Flores. Y lo paradójico es que en el fondo de su corazón Jaime debe pensar que Lourdes es mejor candidata y posiblemente sería un mejor alcalde que Susana. Pero sólo se trata de seguir siendo el centro de atención, la vedette, el dueño del rating, aunque sobre todo y ante todo, seguir sintiéndose un todopoderoso... sintiéndose Dios.


19 de Septiembre 2010

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